Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de abril de 2012

Garcilaso de la Vega
(Toledo, 1501? - Niza, 1536) Poeta renacentista español. Perteneciente a una noble familia castellana, Garcilaso de la Vega participó ya desde muy joven en las intrigas políticas de Castilla. En 1510 ingresó en la corte del emperador Carlos I y tomó parte en numerosas batallas militares y políticas. Participó en la expedición a Rodas (1522) junto con Boscán y en 1523 fue nombrado caballero de Santiago.
En 1530 Garcilaso se desplazó con Carlos I a Bolonia, donde éste fue coronado. Permaneció allí un año, hasta que, debido a una cuestión personal mantenida en secreto, fue desterrado a la isla de Schut, en el Danubio, y después a Nápoles, donde residió a partir de entonces. Herido de muerte en combate, durante el asalto de la fortaleza de Muy, en Provenza, Garcilaso fue trasladado a Niza, donde murió.
Su escasa obra conservada, escrita entre 1526 y 1535, fue publicada póstumamente junto con la de Boscán, en Barcelona, bajo el título de Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega (1543), libro que inauguró el Renacimiento literario en las letras hispánicas. Sin embargo, es probable que antes hubiera escrito poesía de corte tradicional, y que fuese ya un poeta conocido.

 Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero



Nombre: Eugenio Sartori 

El Herido de Miguel Hernández

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
 



Francisco Oliva

martes, 17 de abril de 2012

Poema "Un viejo asunto" por Juan Gelman

Poeta Juan Gelman

Este poeta excepcional nació en Buenos Aires —en el histórico barrio de Villa Crespo— en 1930. Su primera obra publicada, Violín y otras cuestiones, prologada entusiastamente por otro grande de la poesía, Raúl González Tuñon, recibió inmediatamente el elogio de la crítica. Considerado por muchos como uno de los más grandes poetas contemporáneos, su obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del "realismo crítico" y el intimismo, primeramente, y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.
   Fue obligado a un exilio de doce años por la violencia política estatal, que además le arrancó un hijo y a su nuera, embarazada, quienes pasaron a formar parte de la dolorosa multitud de "desaparecidos".
   En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía. Su obra ha sido traducida a diez idiomas.
   Reside actualmente en México, aunque "Volver, vuelvo todos los años, pero no para quedarme. La pregunta para mí no es por qué no vivo en la Argentina sino por qué vivo en México. Y la respuesta es muy simple: Porque estoy enamorado de mi mujer, eso es todo". Perdonando tamaño romanticismo, la ciudad de Buenos Aires lo honró recientemente con el título de ciudadano ilustre.


Un viejo asunto  

Fue a principios de siglo. 
La ciudad 
se ponía los pantalones largos, 
iba en landó, calzaba vías férreas, 
ascendía hasta el cielo con ventanas. 

Era el imperio de los estancieros 
recién vendido a la Inglaterra, era 
la reyecía de los Apellidos, 
el país dividido en cinco feudos 
donde engordaba el animal y pedro 
valía menos que un cuero de vaca.

El río entonces una madrugada 
fue despertado por extrañas voces, 
palabras dulces o ásperos sonidos, 
el aire anduvo averiguando qué 
demonios sucedía, qué lenguaje 
lo trizaba en cristales asombrados, 
mientas los inmigrantes descendían 
con pantalones castigados, los 
bolsillos llenos de nostalgia y unos 
sueños, los pocos permitidos por 
la Compañía de Navegación. 
Aquí vinieron italianos, turcos, 
árabes, rusos, búlgaros, judíos, 
eslovacos, polacos, españoles, 
con los dedos del hambre en la mejilla, 
con la lágrima seca en el pómulo, 
con las espaldas hartas del fusil, 
del knut, del palo de la policía, 
aquí vinieron, construyeron casas, 
relojes, sillas, lápices, pañales, 
empuñaron la reja, hicieron 
llover del suelo gotas congeladas 
de trigo o de maíz, aquí vinieron 
y edificaron días, esperanzas, 
árboles, hijos, pájaros, canciones, 
aquí empezó a dolerles el huesito, 
mientras el amo alcorta o anchorena 
mantenía queridas en París, 
vendía el país por unas esterlinas, 
paseaba sus polainas por Europa.

Aquí vinieron, sí, los gringos, los
extranjis, aprendieron a besar
el mate largamente, a conversar
el porteño mezclado, en guaraní,
dieron sus brazos para el  frigorífico,
para las  fábricas y se encontraron
cara a cara con los viejos fantasmas,
les azuzaron sus hermanos criollos
(les decían “los gringos les roban el trabajo”)
Les persiguieron la majilla y como 
muchos de ellos venían de la pólvora,
del aire en  armas de las barricadas
populares y muchos descendían,
por parte del dolor, de la pelea,
los amos le dictaron una ley:
“Queda prohibido para el extranjero,
jornalero, albañil, bracero o pobre,
pedir aumento de salario, unirse
luchar por su camisa, el delantal, 
la cuchara , el repollo, los manteles.
Tiene permiso para sufrir hambre,
golpes y lágrimas, humillaciones,
como los chinos de esta sucia tierra.
Puede olvidarse de a poco que es un hombre,
y si lo recordase, hereje, bárbaro,
archívese, publíquese y devuélvase
encadenado a su lugar de origen”.

Esta es la ley, célebre por su número
odiado, maldecido, esta es la ley
4144.

Clavada está en el medio de mi pueblo.
Todavía golpea en lo más puro.

                   Juan Gelman
Sofia Manzini 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Poesía: Otoño por Antonio Machado

Poesía: Otoño - Antonio Machado

El cárdeno otoño
no tiene leyendas
para mí. Los salmos
de las frondas muertas,
jamás he escuchado, 
que el viento se lleva.
Yo no sé los salmos
de las hojas secas, 
sino el sueño verde
de la amarga tierra.

Antonio Macahado - mas info - wikipedia

Por Sofía Manzini